PROYECTO HISTORIA DE ROSARIO –

El éxito es la suma de pequeños esfuerzos, repetidos día tras día.

Este Padlet es una pequeña muestra del Proyecto de Investigación sobre Historia de Rosario que los alumnos de tercer año A y B realizaron este trimestre.

Una felicitación especial los alumnos que hicieron los mapas históricos y actuales : Alejo Ballerini, Lara Almada,Micaela Acevedo y Josué Mansilla.

Made with Padlet

En una primera etapa sincronizamos tres líneas de tiempo, la Nacional, la de Historia de Santa Fe y la de Historia de Rosario, desde su declaración de ciudad. Los chicos secuenciaron presidentes, gobernadores e intendentes.

Un equipo buscó los mapas históricos y uno actual y los escalaron en un afiche, comparando superficies y destacando los nombres de las calles principales en cada época.

Todos compartimos y leímos un extracto de la la Historia de Rosario usando como fuente Wikipedia. Y luego consultaron la Historia de Rosario de Miguel de Marco y Oscar Ensinck; y la Historia de Rosario de Juan Álvarez.

A partir de ese trabajo, y según sus intereses eligieron instituciones de la ciudad para investigar. Por eso hay más de una versión, pues corresponden a alumnos de diferente curso.

Aprendieron a usar PowerPoint , y la mayoría de los trabajos fueron realizados con sus celulares en clase.

Agradecemos la colaboración de nuestra Biblotecaria Isabel , y el Profesor Gustavo de computación , que nos permitieron invadir sus espacios para realizar el trabajo, durante todo el trimestre.

Un gran trabajo, y un gran aprendizaje para todos.

GRACIAS CHICOS!

Genial, Alexis Casco!

Investigar para un trabajo de Historia de Rosario no ha sido fácil para los alumnos de tercer año. Algunos eligieron temas que resultó difícil de encontrar , sobre todo para hacer un PowerPoint.

Uno de ellos fue Alexis Casco, que perseveró en la investigación hasta que encontró este video que compartimos con mucha alegría, la misma de Alexis, cuando me llamó y dijo “Profe, lo encontré!!!”, que sonó igual que “Eureka!”…

Su trabajo no terminó ahí, pero queremos compartir su hallazgo y su dedicación a este trabajo.

Palacio San Martín – Residencia Anchorena

El Palacio Anchorena fue construido entre 1905 y 1909, por el arquitecto Alejandro Christophersen, a pedido de Mercedes Castellanos de Anchorena.

Es un exponente de L’Ecole des Beaux Arts. Está inspirado en el proyecto “Hotel a París pour un riche Banquier”, con el cual Jean Louis Pascal, maestro de Christophersen, gana el “Grand Prix de Rome” -máximo galardón de la arquitectura de la época- en 1866. Las fachadas de tratamiento casi escultoricos presentan mansardas convexas, cúpulas, chimeneas, ojos de buey; columnas y pilastras que abarcan los dos pisos principales y balcones soportados por importantes ménsulas.

Si bien parece un complejo único, está constituido por tres residencias: la que da a la calle Esmeralda que fue habitada por Mercedes Castellanos de Anchorena con su hijo Aaron, la central que fue habitada por Enrique Anchorena y su familia, y la que da a la calle Basavilbaso, que fue habitada por Leonor Uriburu, viuda de Emilio Anchorena.

Pero no es sólo en el tipo de revestimientos superficiales donde radican las diferencias interiores de estas mansiones; lo es también en el aspecto espacial, ya que tiene el hall de la última es de triple altura y la escalinata principal no tiene como las otras una relevancia protagónica. No obstante lo dicho, los planos originales del autor de la obra, ubican la escalinata principal de la tercera mansión con una presencia de manera más acorde con los postulados del “l’ecole de beaux arts”.

La distribución de los interiores responde a la habitual en este tipo de residencias: en la Planta Baja los locales de depósito, instalaciones y dependencias para el personal de servicio masculino; en el primer piso los salones de recepción; en el segundo nivel las habitaciones privadas; y en las mansardas dependencias de servicio femenino, salas de lavado y guardado de ropa.

En los interiores las tres residencias presentan diferencias, siendo similares las residencias situadas sobre Esmeralda y la central, donde se destacan los trabajos de estucos en las superficies murales, de la situada sobre la calle Basavilbaso, inspirada en el Neoclasicismo y en el Renacimiento, con revoques símil piedra de París en el Hall de Honor.

El Palacio Anchorena fue sede de importantes reuniones sociales, como el baile del Centenario de la Independencia en 1916.

La FE de los hombres que llegaron a la Luna

https://www.larazon.es/historico/y-la-biblia-llego-a-la-luna-QLLA_RAZON_169381

Fue durante su segunda noche en el satélite. Buzz Aldrin, de confesión presbiteriana, extrajo una cajita que contenía pan y vino; se recogió en oración; leyó el versículo de san Juan 15, 5 –«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada»– y consumió las dos especies. Lo relata el propio astronauta en el libro que publicó en 1973, «Regreso a la Tierra», y lo ha recordado en estos días en el diario «USA Today» el pastor Mark Cooper, de la parroquia presbiteriana de Webster (Tejas), a la que asistía Aldrin. «Después trajo el pequeño cáliz de plata que empleó, y lo tenemos guardado a buen recaudo en la parroquia», afirma Cooper. 
El salmo 8, en el espacio
Pero, además, el astronauta presbiteriano portaba un trozo de papel en el que había garabateado algunos versículos del salmo 8: «Cuando veo los cielos, obra de tus manos, la Luna y las estrellas que creaste, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que de él te preocupes?». Aldrin posó el papel sobre la superficie del satélite y regresó a la nave. 
El católico Michael Collins, otro de los integrantes del Apolo 11, también quiso dejar constancia de su fe. En una de las paredes internas de la nave dejó escrito: «Nave espacial 107. La mejor creada. Que Dios la bendiga». 
Sin embargo, los astronautas se vieron obligados a realizar todas sus prácticas religiosas con una gran discreción, porque la NASA no veía con buenos ojos estos gestos. Un año antes, en 1968, la misión del Apolo 8 había logrado su objetivo de orbitar diez veces la Luna en a lo largo de 20 horas. Era la víspera de Navidad, el 24 de diciembre por la noche, y sus tres tripulantes, Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders, realizaron una sorprendente conexión en directo con los canales de televisión de todo el mundo. «Estamos cerca de la Luna y, para todos los que nos siguen desde la Tierra, la tripulación del Apolo 8 tiene un mensaje que le gustaría compartir: “En el principio, Dios creó el cielo y la Tierra”», comenzó a leer Anders. Era el inicio del libro del Génesis, que prosiguieron leyendo los tres astronautas en turnos hasta el versículo 15. «Y Dios hizo dos lumbreras grandes, la mayor para gobierno del día y la menor para gobierno de la noche», continuaron. «Buenas noches, buena suerte, feliz Navidad y que Dios les bendiga a todos», fue la conclusión de su conexión en directo. Este gesto enfureció a Madalyn Murray O’ Hair, una conocida activista atea, quien demandó a la NASA. El auto fue desestimado por la Corte Suprema, pero la agencia espacial exigió a sus astronautas desde ese momento una mayor «contención» religiosa. 

Una Biblia en microfilm
Pero las advertencias de la agencia espacial no amedrentaron a los astronautas. En enero de 1971, dos de los tripulantes del Apolo 14, Shepard y Mitchell, depositaron sobre la superficie lunar un paquete que contenía la Biblia en microfilm y el primer versículo del Génesis en 16 idiomas. Seis meses más tarde, durante la misión del Apolo 15, James B. Irwin, tras caminar sobre la Luna, declaró haber «sentido el poder de Dios como jamás lo había sentido antes». En 1998, John Glenn, que regresó al espacio después de 36 años, declaró: «Para mí es imposible contemplar toda la creación y no creer en Dios». Quien sabe, quizás haya que estar en la Luna para encontrarse con el Señor…

«Soy el obispo de la luna»
Según relatan las crónicas de la época, monseñor William D. Borders se declaró a sí mismo   en 1969 como «el obispo de la Luna». No, el prelado no sufría ningún tipo de demencia, sino que, más bien, poseía un fino sentido del humor. En 1968 fue ordenado obispo y se le asignó la diócesis de Orlando (Florida), que comprende la estación espacial de Cabo Cañaveral.  Poco después del alunizaje del Apolo XI, los obispos estadounidenses realizaron su visita «ad limina» al Papa Pablo VI. Cuando le llegó el turno a monseñor Borders de cumplimentar al Pontífice, el obispo de Orlando le dijo: «Sabe, Santo Padre, soy el obispo de la Luna». Pablo VI le miró perplejo, pero el prelado le explicó que, según el Código de Derecho Canónigo, él era, «de facto», el ordinario de este «nuevo territorio descubierto».